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Graffiti

¡Están locos estos romanos!

Los romanos se iban de vacaciones, se maquillaban y usaban pelucas, se bañaban en las termas y vivían en pisos. En pleno siglo XXI no hemos cambiado tanto

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Al fin y al cabo, no somos tan diferentes. Es lo que se deduce de la lectura de Calamares a la romana, del latinista Emilio del Río. A través de sus páginas, nos adentramos en la vida diaria en Roma. Les sonaba el despertador para ir a trabajar y después se iban de vinos a los bares. Gustaban de bañarse en las termas que estaban dispersas por toda la ciudad. Y en verano, emigraban a su segunda residencia en la bahía de Nápoles, huyendo del calor capitalino.  Mujeres y hombres se maquillaban y era habitual el uso de pelucas. No todos vivían en domus, equivalentes a nuestros chalets. De hecho, la mayoría lo hacía en pisos pagando unos alquileres abusivos. Pero, sobre todo, los romanos tenían un gran sentido del humor y se reían, en primer lugar, de sí mismos. Más de 2.000 años después, los ciudadanos del siglo XXI vemos que no hemos cambiado tanto o, dicho de otra forma, que todos llevamos un romano dentro. 

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